Fin de año cinéfilo.

20 Dic

Ocurre que, se acerca fin de año, y junto con un aluvión de pequeñeces color rojo y verde, de cánticos festivos y toneladas de kilos disfrazados de chocolates y panes dulces, comienza la temporada de premiaciones.

Esta época del año, que abarca desde finales de diciembre hasta fin de febrero, incluye una exhaustiva recopilación de información sobre las películas del año y, por supuesto, la oportunidad de haberlas visto todas, por lo menos, una vez.

Acá es donde enloquezco porque, obviamente, ver alrededor de 200 películas en un lapso de 10 días es tarea imposible incluso para las almas insomnes. Así que, revisando críticas y demás, la lista se podría recortar a unas 15 películas que realmente valen la pena mirar. Por supuesto, a esto se le suma una cantidad de incontables listas de diferentes índoles donde se catalogan lo mejor y lo peor del cine -y cabe decir que, hasta donde estuve mirando, “Inception” viene encabezando prácticamente todas las listas de la crème-de-la-crème de este año-.

Y no solo ocurre que mis páginas de internet asiduas se llenan por completo de potenciales nominados al Globo de Oro y al Oscar, con miles de elucubraciones al respecto -y más aún cuando hablamos de Mejor Película y Mejor Director- sino que, además, se emborrachan de los mil y un trailers de todas las películas que se estrenarán el año siguiente.

Por supuesto, esta es MI época del año.

El 2011 parece prometer una serie de películas que tientan mis ojos.

Por un lado tendremos el estreno del final de la mejor saga de todos los tiempos -hablando con un relativismo que a veces es poco sano-: “Harry Potter and the Deathly Hallows, Part II”. Creo que no tengo mucho que decir sobre esto más que:

Luego tenemos el estreno de Rango, una película de animación que tiene de voz principal a Johnny Depp. Todo lo que tenga a Johnny en sus créditos merecerá mi atención. Está también una curiosa “Water for elephants” que parece prometer una recreación de época bastante interesante y una dupla bastante exótica: Reese Witherspoon y Robert Pattinson -y en un rol menor, un Cristopher Waltz como director de circo. Completamente worthy-. Y por último, tenemos una película cuyo trailer es, sin duda alguna, uno de los trailers más hermosos que he visto en mucho tiempo.

Se trata de “The Tree of Life”, una película de Terrence Malick (“La delgada línea roja”) que parece prometer una estética y fotografía brillantes -además de una banda sonora espeluznantemente hermosa-.

Si mi experiencia no me indicara desconfiar de los trailers para juzgar una película -han sido incontables las veces en las que un trailer parecía sublime y la película resultaba ser un oprobio-, diría que esta será el éxito rotundo del 2011.

Tendré que esperar hasta mayo del año que viene para confirmar mis sospechas.

The hunt begins.

17 Nov

Es hoy:

Harry Potter and the Deathly Hallows.

Se podría decir que tengo sentimientos encontrados: ver esta película significa el comienzo del final. Pero, what the hell, necesito verla ya!

 

Reflexiones.

7 Oct

Normalmente sufro del síndrome “quiero-tener-una-fiesta-de-disfraces-pero-ni-muerta-organizo-una-porque-la-gente-las-odia”, y de vez en cuando tengo lapsos en los que se intensifica.

Seriamente, siempre quiero tener una fiesta de disfraces, pero, la humanidad no comprende sus beneficios, y las odia. Profundamente. No estoy muy segura de haber escuchado a alguien que alguna vez me dijera “Oh, me encantan las fiestas de disfraces!”. Por lo general, la gente se limita a fruncir el ceño y quejarse con un “Bah, es una porquería tener que conseguirse un disfraz”.

Me siento una incomprendida.

Tener una fiesta de disfraces es la oportunidad para, justamente, disfrazarse. Y para mí, disfrazarse significa ser otra persona, al menos, en apariencia. Es la posibilidad de vestirse con ropas ajenas y cargadas de historia, aventuras y personajes, es la oportunidad para maquillarse sin límites. Es el momento para exagerar y que nunca sea demasiado, ni esté mal.

Y depende mi estado de ánimo, me figuro distintos disfraces.

Si estoy teniendo una etapa en la que estoy obsesionada con algún libro o película, lo más probable es que muera por disfrazarme de alguno de sus personajes. Si, en cambio, estoy de ánimos filosóficos, buscaría disfrazarme de alguna diosa griega. Si estoy de mal humor, buscaré un difraz de algún personaje osado y rebelde. Y por lo general, siempre estarán en mi stock de opciones los disfraces de mis personajes favoritos.

Disfrazarse es eso, ser, al menos por una noche, otro.

 

Extrañas manías (bis)

1 Oct

Entre tantos hobbies excéntricos y raros que no caben mencionar en este contexto, he encontrado otro que probablemente -y espero- me dure mucho tiempo.

Hacía ya rato que deseaba cumplir un sueño que surgió cuando estaba en tercer grado y tuve mi primer libro de inglés en las manos. No sé si es común a todos los libros de inglés, pero el mío presentaba sus primeros -bueno, no tan primeros- ejercicios en forma de cartas. Pero éstas no eran cualquier tipo de cartas. Eran cartas de penpals.

Al principio, y con tan solo ocho años de edad, tuve que preguntarle a Miss Claudia qué significaba “penpal”. Y ahí descubrí la existencia del arte de intercambiar cartas con alguien viviendo en la otra punta del mundo, a quien nunca viste -y probablemente nunca veas más que en una foto mal sacada-, y que tiene una cultura totalmente ajena a la propia.

Cabe decir que me enamoré de la idea.

Sin embargo, el germen se mantuvo oculto varios años. Hasta el año pasado. Recuerdo haber descubierto una página web -un tanto precaria, debo admitir- en donde los usuarios se presentaban y pedían un penpal con quien intercambiar cartas. El entusiasmo resurgió y entablé conversación con una chica de Filipinas. Sin embargo, cuando estábamos a punto de intercambiar direcciones, el asunto se terminó repentinamente.

El mes pasado, no obstante, descubrí otra página web, de mayor calibre y magnitud que la anterior, cuyo objetivo principal es vincular gente y proveer posibilidades de encontrar penpals. No lo dudé ni un instante y me hice una cuenta.

Hoy puedo decir, con evidente entusiasmo, que mi nuevo penpal, Josh, de Texas, me acaba de mandar un mail avisándome que hoy a la mañana despachó la carta en el correo y que en quince días me estará llegando -si el servicio postal es propicio y bondadoso-

Creo ya poder imaginar la emoción de recibir una carta -una carta real, de papel, manuscrita, reliquia que hoy se reduce a cuentas e impuestos- que cruzó la mitad del mundo.

Curiosidades idiomáticas.

24 Sep

El idioma inglés es muy curioso.

A mí, particularmente, me fascina. Sé que si hubiese podido elegir, habría nacido en un país angloparlante. Pero tal suerte no me fue dada y ahora, como resignada latina, me limito a admirar su gramática de lejos.

Y es así que recalco el hecho de que es un idioma muy curioso.

Navegando distintas webs de diferentes índoles, he descubierto ciertas expresiones -marcadamente adolescente, cabe explicitar- que se me han pegoteado y que solo ahora, que me detengo a analizarlas, descubro extrañas.

Por ejemplo, una de las expresiones que conocí más recientemente es una que versa así:

I can’t even…

Consulté mi gurú de la jerga inglesa, y me aclaró: “often used when something is either too funny, scary, cute, to have a good reaction too.” (normalmente usada cuando algo es muy gracioso, o da miedo, o tierno, o para expresar una buena reacción).

De acuerdo. Pero, esta expresión ni siquiera constituye una oración completa.

Otra de mis favoritas es:

I mean what

Que, según mi gurú, es: “a phrase that you add just after saying something that you wouldn’t necessarily say out loud” (una frase que agregás después de decir algo que no necesariamente dirías en voz alta).

Y otra más, es:

idek

Consultando: “An abbreviation for “i don’t even know”, commonly used after doing something stupid.” (Abreviación para “Ya ni sé”, comúnmente usada luego de hacer algo estúpido).

Esta última tiene mis votos.

Harrymanía.

23 Sep

Quisiera comenzar alertando, avisando, que soy fanática de Harry Potter hasta lo más profundo de la médula, de una manera que puede llegar a considerarse poco sana.

Ahora sí, let’s move on.

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Comentarios cinéfilos.

10 Sep

El cine es, en definitiva, una de mis mayores obsesiones y placeres. Ver películas califica entre las mejores cosas a las que dedicarle tiempo. Y no solo verlas, sino, luego, analizarlas de arriba a abajo, averiguar todo sobre la ficha técnica, juzgar la dirección y la fotografía, encontrar la banda sonora y memorizarla, y tantas otras delicadezas que aportan a mi opinión global de la película analizada.

Pero, a veces, ocurre que ciertas películas sobrepasan el placer momentáneo y se transforman en una obsesión que dura unos días, semanas y, creo que a veces, incluso meses.

Hoy, en particular, estoy obsesionada con Inception (2010), película de Christopher Nolan.

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Pensando en voz alta.

9 Sep

De las pocas -o muchas, en realidad- cosas que son verdaderamente frustrantes, cabe incluir una que últimamente ha estado logrando sacarme de quicio.

Es un tema de una índole que varios podrían considerar como frívolo, pero que, en este caso, considero de suma importancia.

La ropa.

Pero, me estoy refiriendo a un caso muy particular. Me refiero a la ropa que encuentro en internet, y más precisamente, en webs norteamericanas o europeas -sí, tengo serios problemas de identidad y suelo navegar, más bien, sólo navego, en páginas extranjeras-, porque es ropa que no tengo manera de comprar y/o conseguir.

Es algo que me sucede muy a menudo, y con prendas de todo tipo y color.

Por ejemplo, hace rato que estoy deseando unos zapatos de este estilo:

O algún vestido como éstos:

Y unas cuantas remeras geek como ésta:

Pero, claro, están del otro lado del mundo. Y en un tipo de moneda que asesina mi bolsillo.

Así que, me tendré que conformar con sus fotos.

Extrañas manías.

9 Sep

Hoy, tal vez, tendría que haber sido un día productivo. Quiero decir, la facultad está tomada, y mi clase de francés fue monumentalmente suspendida. Sin embargo, me dediqué pura y exclusivamente a engrosar mi carpeta de gifs y a ornamentar esta página.

Y descubrí que no veo el momento de usar algunos de los mil y un gifs que tengo, porque son como pequeños manifiestos de mi ánimo.

Por ejemplo. Hoy me siento animada:

Pero tal vez mañana esté triste:

Es un hobby, absurdo e improductivo, que siendo pertinente compartir.

28 Dic

El anonimato da libertad. Por eso, cuando no somos nosotros, cuando nadie sabe que somos nosotros los que hablamos, podemos ser. Podemos hablar con libertad, sin que nos importe en lo más mínimo qué generará lo que digamos.
Por esto mismo elegí una especie de pseudo-anonimato. Bueno, en realidad, creo que nunca nadie, jamás, podrá ser anónimo por completo.

Esto no será un relato épico de algún tipo de héroe o personaje memorable. Simplemente será mi vida cotidiana, de todo aquello que me ocurre,  de lo mucho que pienso y lo poco que hago; de todo lo que sueño en grande y de lo ajena que me siento; de todo lo que imagino y lo mucho que me cuesta vivir en la realidad.

Deal with it.